Investigadores y agentes de IA baten la marca que Google fijó en marzo: el listón para atacar las claves de Bitcoin y Ethereum baja, aunque no se cuente igual

Un estudio recorta a la mitad el coste cuántico de romper Bitcoin

Un estudio recorta a la mitad el coste cuántico de romper Bitcoin

Un grupo de investigadores ha publicado este jueves un trabajo que rebaja a la mitad el listón técnico de una de las operaciones centrales del algoritmo de Shor, la receta cuántica que permitiría deducir una clave privada de Bitcoin o de Ethereum a partir de la clave pública que la acompaña. El artículo, adelantado a CoinDesk, mejora en un 50% la referencia que Google había fijado en marzo para ese mismo cálculo, y llega con un detalle que interesa tanto como el resultado: parte del avance salió de agentes de inteligencia artificial trabajando junto a los autores. No quiere decir que exista hoy una máquina capaz de ejecutar el ataque. Quiere decir que la cuenta de recursos que separa a esa máquina del objetivo se ha vuelto a acortar, y van dos veces este año. El mercado ni se enteró: bitcoin cotizaba a $76.919,00 mientras el borrador empezaba a circular.

La marca que Google puso en marzo

El algoritmo de Shor no es ninguna novedad. Se formuló en 1994 y desde entonces se sabe que una máquina cuántica lo bastante grande podría reconstruir una clave privada a partir de su clave pública. Lo que ha cambiado estos años no es la teoría, sino la contabilidad: cada pocos meses alguien publica una estimación más ajustada de los recursos que habría que encadenar para ejecutarlo de verdad. En marzo le tocó a Google, y su cálculo se convirtió en la vara de medir para esa operación. El trabajo adelantado a CoinDesk se coloca por debajo. La rebaja pesa por un motivo poco lucido: esa operación no se ejecuta una vez, el algoritmo la repite sin parar, así que cualquier ahorro se multiplica.

Dos maneras de contar el mismo coste

Hay una salvedad, y The Block la pone por delante: los dos trabajos no cuentan igual. Las estimaciones de recursos cuánticos dependen de qué se mete en la cuenta —qubits físicos o lógicos, el precio de la corrección de errores, el tiempo de ejecución aceptable— y basta cambiar una premisa para que el resultado se desplace. Que el listón se haya reducido a la mitad es cierto dentro del método del nuevo artículo; frente al de Google, la equivalencia es aproximada. Ninguna cifra acerca por sí sola el día en que exista el hardware: lo que mueven es cuánto hardware haría falta, la variable con la que trabaja quien debe decidir cuándo migrar.

Qué está expuesto de verdad en cada red

Bitcoin y Ethereum firman con curva elíptica sobre secp256k1, y ahí se acaba el parecido en cuanto a exposición. Una dirección moderna de Bitcoin publica un hash de la clave pública, no la clave: mientras esos fondos no se muevan, no hay nada a la vista que atacar. La foto cambia en cuanto se gasta, y cambia del todo en las monedas de 2009 y 2010, que pagaban directamente a clave pública y llevan más de quince años a la intemperie. Ethereum está en el extremo contrario: cualquier cuenta que haya firmado una sola transacción deja su clave pública recuperable de la propia firma. Por eso la conversación sobre cuántica no es una, sino una por red y casi una por tipo de dirección. Cómo encajan firmas, direcciones y bloques está explicado en nuestra guía de blockchain.

El mercado no lo ha mirado

Ninguna de las dos cotizaciones se movió por esto. Bitcoin sostiene una capitalización de $1,54 billones y sigue un -39,0% por debajo de su máximo histórico de $126.080,00; en los 31 días que llevamos registrando su precio suma un +22,46%. Ether, a $2.438,52, acumula un +30,95% en esa misma serie. El riesgo cuántico no cotiza en la sesión del día. Quien sí lo mira de cerca son los custodios, que planifican migraciones de claves con años de antelación, y los Estados, que llevan meses metiendo dinero público en computación cuántica.

Las defensas van por detrás de los cálculos

La criptografía de recambio ya existe. El NIST estandarizó en agosto de 2024 los primeros esquemas post-cuánticos, y en Bitcoin lleva más de un año sobre la mesa la propuesta BIP-360, que define direcciones resistentes a esta familia de ataques. El cuello de botella nunca fue elegir el algoritmo: es la mudanza. Obliga a que cada titular lleve sus fondos a un tipo de dirección nueva, y una parte del suministro —monedas perdidas, claves olvidadas, herencias sin resolver— no se moverá jamás. Quedarían a la vista el día que la máquina llegue, y no hay parche que las cubra.

El artículo todavía no ha pasado revisión por pares, y ése es el siguiente filtro. Mientras llega, el dato que conviene vigilar no es el precio: es la próxima estimación que publique un laboratorio con hardware detrás. Las dos de este año han ido en la misma dirección.

Fuentes

Este artículo no es una recomendación de inversión. Las criptomonedas son un activo volátil y sin cobertura de garantía de depósitos: puedes perder todo el dinero invertido.

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Tags / Categorías : Tecnología

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