Investigadores asistidos por modelos de lenguaje reabren código dado por revisado: un fallo de cuatro años en Zcash y una debilidad de 2021 en Coldcard
Una IA destapa fallos viejos en Zcash y en el monedero Coldcard
Los investigadores que revisan el código de las criptomonedas han empezado a trabajar con modelos de lenguaje al lado, y lo que están encontrando no es un fallo recién estrenado: es lo que nadie vio hace años. El repaso que publicó Bitcoin.com el 20 de septiembre reúne tres casos de 2026 que apuntan en la misma dirección. Un fallo en Zcash con cuatro años de antigüedad que permitía crear ZEC falsos, es decir, unidades que la red habría dado por buenas sin que nadie las hubiera minado. Una debilidad en Coldcard, el monedero físico para bitcoin, que se remonta a 2021 y que es anterior a una serie de robos de bitcoin estimados en más de $100 M. Y un agente de IA al que unos atacantes convencieron para que transfiriera alrededor de 3.000 millones de DRB. Ninguno de los tres es un ataque contra código nuevo.
El fallo de Zcash que fabricaba ZEC de la nada
En una moneda con transacciones blindadas como Zcash, las cantidades no están a la vista de cualquiera. La contabilidad la garantiza la criptografía, no un saldo que un tercero pueda contar desde fuera. Por eso un fallo de inflación es el peor de los defectos posibles ahí: si el protocolo acepta monedas que nunca se emitieron, el resto de la red no tiene forma sencilla de notarlo mirando la cadena.
El defecto llevaba cuatro años en el código cuando lo encontraron. Lo publicado se queda en la capacidad —el fallo permitía crear ZEC falsos— y no describe unidades falsificadas circulando. Cuatro años son muchas auditorías, muchas revisiones de pares y muchas versiones publicadas por encima. El repaso automatizado llegó después y lo vio.
Coldcard: una debilidad de 2021 en un aparato hecho para no fallar
Coldcard es un firmador de bitcoin que se usa desconectado: la idea es que la llave privada entre en el aparato y no salga nunca de ahí. Un fallo de 2021 en ese tipo de dispositivo pesa distinto que un fallo en una aplicación de móvil, porque quien compra uno lo compra precisamente para dejar de vigilar. La cifra que acompaña al hallazgo, más de $100 M en bitcoin robados, es una estimación y en el informe aparece como posterior a la debilidad, no como su consecuencia probada.
Aquí está el punto que afecta a cualquiera que tenga un aparato de estos en un cajón. El perfil expuesto no es el del novato: es el del usuario cuidadoso que compró su monedero hace cinco años, apuntó las palabras de recuperación en papel, lo guardó bien y no ha vuelto a actualizar el firmware desde entonces. Los avisos de seguridad de los fabricantes llegan por correo y por las notas de versión, y hay que ir a leerlos. En nuestro análisis del Trezor Safe 5 ya insistimos en ese hábito, y en la guía de billeteras frías y calientes está el reparto que conviene revisar antes de tocar nada: cuánto hay en el aparato, cuánto en el exchange y desde cuándo no se toca ninguno de los dos.
Cuando el atacante le habla al agente
El tercer caso cambia de bando. En lugar de usar la IA para auditar, los atacantes la usaron como puerta: manipularon a un agente hasta que movió cerca de 3.000 millones de DRB. El informe señala además instrucciones maliciosas incrustadas en material que los modelos leen, esa técnica de colar una orden dentro de un texto que el sistema procesa como si fuera parte de su tarea.
Es la consecuencia lógica de darle a un programa una clave y permiso para firmar. Un agente que gestiona fondos no distingue por sí solo entre lo que le pide su dueño y lo que le pide un documento que ha leído por el camino. Y a diferencia de una persona, no duda ni pregunta antes de ejecutar.
Código viejo, lectura nueva
Lo que une los tres casos es el calendario. El código que hoy se está releyendo se escribió y se auditó entre 2020 y 2022, cuando revisar un repositorio entero línea por línea costaba semanas de un equipo caro. Ese trabajo ahora se hace en otra escala, y el resultado previsible es una cola de divulgaciones sobre software que lleva años considerado estable y que mueve dinero real todos los días.
El fallo de Zcash tiene cuatro años. El de Coldcard, cinco. Lo que toca vigilar en las próximas semanas son las notas de versión de los clientes y de los firmadores: ahí es donde aparecen, con nombre y número, los defectos que este repaso vaya sacando del archivo.
Fuentes
- AI Is Rereading Crypto’s Old Code, and Finding What Humans Missed — Bitcoin.com, 20/09/2026
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