El responsable del euro digital en el BCE defendió el proyecto el 6 de octubre: dijo que la moneda no desplazaría a los bancos, sino que les daría sitio
Cipollone (BCE): sin euro digital, los pagos se fragmentan
Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo y responsable del proyecto del euro digital, volvió el martes sobre el argumento que sostiene todo el proyecto: si Europa no emite su propio dinero digital, sus pagos seguirán repartidos entre soluciones nacionales que no se hablan entre sí e infraestructuras decididas fuera del continente. Lo dijo en un discurso titulado Money in the digital age: digital euro, tokenisation and the role of central banks, que el BCE publicó el 6 de octubre. La frase que más interesaba a la banca llegó en ese mismo texto: el euro digital, sostuvo, no vendría a asumir el papel de los bancos, sino a garantizar que conserven el suyo dentro del sistema monetario de la Unión. Es la respuesta directa a la objeción que las entidades comerciales europeas repiten desde que la Comisión puso el reglamento sobre la mesa, en 2023.
La objeción de la banca tiene un nombre: desintermediación
El miedo que Cipollone intentó desactivar es viejo y muy concreto. Si cualquier ciudadano pudiera guardar euros emitidos directamente por el banco central, los bancos perderían parte de los depósitos con los que financian hipotecas y créditos. El diseño que el Eurosistema ha ido perfilando responde con cerrojos: no habría cuentas abiertas en Fráncfort, porque la distribución la harían los intermediarios supervisados —bancos y entidades de pago—. Habría un tope de tenencia por persona; y los euros digitales guardados no pagarían intereses, para que nadie los use como producto de ahorro.
Cipollone le da la vuelta al argumento de sus críticos. Su tesis es que el riesgo para la banca europea no está en un euro digital, sino en seguir como está: convertida en un eslabón intermedio de cadenas de pago cuyas reglas, comisiones y condiciones de acceso se deciden en otra parte.
Tokenización: la pata mayorista ya se mueve
El título del discurso junta dos cosas que van a velocidades distintas. La tokenización mayorista —liquidar con dinero del banco central las operaciones sobre activos financieros representados en cadenas de bloques— ya tiene fontanería funcionando: el Eurosistema puso en servicio Pontes, su plataforma para ese tipo de liquidación, sin necesidad de ninguna ley nueva. El euro digital minorista, el que acabaría en el móvil de cualquiera, sigue parado donde lleva años.
Sin reglamento no hay emisión
Conviene recordar el límite: el BCE no puede lanzar un euro digital por decisión propia. Necesita un reglamento aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo, y ese expediente, propuesto por la Comisión en junio de 2023, sigue en tramitación. Mientras llega, el banco central ha ido haciendo los deberes técnicos. La fase de preparación arrancó en noviembre de 2023, y el Eurosistema ya ha salido a buscar comercios dispuestos a participar en las pruebas del sistema. Discursos como el del martes son parte de ese trabajo: Cipollone comparece con regularidad ante el Parlamento Europeo y es la voz del BCE cada vez que el proyecto pierde tracción política.
Cómo se paga hoy en España
España ilustra bien el problema que describe Cipollone. Bizum funciona, y funciona mejor que casi cualquier equivalente europeo, pero es una solución nacional: no sirve para pagar a alguien en Múnich ni, de momento, en la mayoría del comercio electrónico del continente. Wero, la cartera que han montado los bancos de otros países bajo el paraguas de EPI, nació sin la gran banca española, que se salió de ese proyecto en 2022. Y para pagar con tarjeta, aquí y en el resto de la zona euro, se sigue tirando de dos redes estadounidenses. El Banco de España sería el banco central nacional encargado de poner en circulación el euro digital en España, siempre a través de entidades, nunca directamente al usuario.
Hay una pieza que toca de lleno a quien ya mueve dinero digital. Casi todas las stablecoins que circulan en Europa están denominadas en dólares y las emite una empresa privada; MiCA les puso reglas en la Unión en 2024, con obligaciones de reservas y de información, pero una stablecoin sigue siendo el pasivo de una compañía, no dinero público. El euro digital que describe Cipollone sería lo segundo: un billete en formato digital, con el banco central detrás. De ahí que insista en la fragmentación. Si los pagos europeos acaban migrando a tokens en dólares emitidos al otro lado del Atlántico, el debate sobre quién controla la infraestructura ya estará resuelto, y no en Fráncfort.
Lo que hay que vigilar no está en el BCE. Hasta que el reglamento salga del Parlamento Europeo y del Consejo, el banco central puede seguir construyendo, probando con comercios y dando discursos como el del 6 de octubre, pero no puede emitir un solo euro digital.
Fuentes
- ECB policymaker warns of fragmentation without digital euro — Cointelegraph, 06/10/2026
- Piero Cipollone: Money in the digital age: digital euro, tokenisation and the role of central banks — BCE (prensa), 06/10/2026
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